No me gusta el sushi (y sé que esto puede ser polémico )

Lo he intentado más de una vez… pero definitivamente no es lo mío. Y esto también me recuerda algo importante: no todo es para todos, y está bien.

Tengo una especie de “cleptomanía” con los lapiceros.

Sin darme cuenta, siempre termino llevándome uno a casa. No es intencional… pero pasa más seguido de lo que debería. Quizá por eso siempre tengo uno a la mano cuando surge una idea o reflexión importante.

Siempre llevo conmigo una medalla de la Virgen

Me la regaló mi papá, y desde entonces es parte de mí.

Más que un objeto, es un recordatorio constante de fe, protección y guía.

Me casé por segunda vez a los 43 años.

Y ahí entendí algo muy profundo: las segundas oportunidades sí existen… y cuando vienen de la mano de Dios, traen consigo bendición, restitución y paz.

 Descubrí mi verdadera vocación a los 44.

Fue entonces cuando decidí formarme como coach profesional, después de haber recorrido otros caminos. Y ahí encontré algo que transformó mi vida: mi propósito. Hoy puedo decirte con total certeza: nunca es tarde para reconstruirte, redescubrirte y empezar de nuevo.

 Porque si algo define mi trabajo, no es solo lo que he estudiado… es todo lo que he vivido, integrado y transformado. Y desde ahí, es desde donde te acompaño 

Acompaño a mujeres que están listas para dejar de cargar con su historia… y empezar a comprenderla, sanarla y transformarla desde la raíz.

Mi misión no es solo ayudarte a entender lo que te pasó, sino acompañarte a liberarte de aquello que hoy sigue condicionando tu forma de vivir, amar y relacionarte contigo misma.

Trabajo desde un enfoque profundo, humano y consciente, donde cada proceso es respetado y sostenido con sensibilidad, claridad y compromiso.

Mis valores nacen de la coherencia, la empatía, la verdad y la fe. Porque creo que sanar no es olvidar… es integrar, resignificar y volver a ti desde un lugar más libre.

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